miércoles, 16 de enero de 2013

Don Abundio Pérez

Ya me voy.

Bueno viejo, que te vaya bien, véndelos todos.

(Suspiro) Voy a tratar.
Esta vieja no podría ser más exigente ¡qué bárbara! Qué fácil es decirlo: "... véndelos todos", pero hacerlo es otra cosa. No... si ya a la gente no le interesa saber más de frijoles. Ya nada más te conocen los negros y los bayos, y de ahí no salen. 

Buenos días señor, aquí está el pasaje...

Sí, suba. Buenos días.

Mami, ¿qué lleva ese señor en sus costales?
Ay perdone, ya ve cómo son los niños de preguntones.

Llevo frijoles mijo, los vendo.

¿Y los va a vender todos?

Sí. 
Bueno, eso sí, si mi vieja no fuera así, yo no estaría aquí.
Aquí me bajo. Gracias.

Abundio, ¿cómo estás?

¿Pues no me ves? ¡Estoy!

(Pequeña risa causada por el honesto sarcasmo del buen Don Abundio) Sí, eso sí. Pues buenos días.

(Suspiro) A ver ven, ayúdame a acomodar.

Increíble, que bueno que venimos, nunca había visto un mercado con tantas flores.

Sí, y ven, acá hay todas las verduras que te imagines.

¡Mira! Esos tomates milperos qué buenos. ¿Sabías que antes se comía más tomatillo que jitomate? Sí, y es alimento prehispánico, las antiguas civilizaciones mesoamericanas ya lo cultivaban. Maricarmen, ¡mira! ¿habías visto alguna vez esos frijoles? 

No, nunca.

Disculpe señor, qué increíbles frijoles, no los conocía. ¿De qué tipo son?

Parraleños estos. Los otros mantequilla morena.

¿Y esos de allá?

Flor de mayo.

Tantos años y no tenía idea de que hubieran frijoles grises, pardos y rosas.

Y aparte las figuras sombreadas de los granos parecen como de jaguar.

Pues deme una bolsita de cada uno.

Son de a kilo, son diez pesitos por cada una.

Así está bien, muchas gracias.

Bendito Dios, los primeros de la mañana.

¡Parraleños, mantequilla morena, flor de mayo!
¡Parraleños, mantequilla morena, flor de mayo...!


- Mauricio Hernández Cedillo

Perfecta.

No existe tal cosa.

Toda profesión tiene algo que no es placentero, pero es inevitable. Lo único que te motiva a seguir con tu decisión, es lo bonito. Eso sí, cuando algo te gusta, apoderándose de tus deseos e inquietudes más profundas, no importan cuántas ni cuáles penas tengas que pasar.

Es como casarte con tu estilo de vida. Soportas todo. No intentas comprender. Simplemente sabes que es parte del contrato, que volverías a firmar si fuera preciso. 

Cómo lamento que la gente renuncie; que no ame su obra; que se divorcie. Es lo más parecido al tan solicitado suicidio, pero en vida. 

Es normal creer en utopías, pero es de gente decente (siempre decía mi abuelo) dejar de creer a tiempo; antes de perder lo más valioso.


- Mauricio Hernández Cedillo

El riesgo.

Y con tan poco, hizo tanto. 


- Mauricio Hernández Cedillo

José. El incrédulo.

La gente busca al amor. Lo persigue. No se está satisfecha si no lo tiene. No está completa. Y no descansa.

¿Por qué la gente hace esto? La gente es solitaria, al menos cuando no tiene amor. Y pesa, la soledad. Por eso lo acecha y no lo deja en paz hasta conseguirlo. 

Si yo puedo ser feliz con las buenas compañías, y no me siento solo, ¿para qué partirme la frente pensando, cómo conquistarla, a ella, que me robó una vida ininterrumpida de latidos, uno seguido del otro, en el instante primero en que la vi?

No lo necesito. 


- Mauricio Hernández Cedillo 

martes, 9 de octubre de 2012

En la ciudad

¿Cuándo llegaste?

No... hace poco, hace una semana.

Y ¿tus papás te dieron permiso de trabajar?

¿Yo pa' qué quiero permiso de mis papás? Si yo quiero trabajar para mis hijos.


- Mauricio Hernández Cedillo

lunes, 6 de agosto de 2012

Una cenita rica...

- ¿Qué haces mami?

- Una cenita rica, hoy vienen tus abuelos. Mira, ayúdame a medir 2 tazas de pepitas. Las vamos a tostar y luego las vamos a moler para el molito verde. 

- ¡Que rico mami! Y ¿por qué se llama mole el mole? 

-Pues porque todo lo que lleva va molido mijita. Ándale, 2 tazas, bien llenitas.

Después de que María le pasó a su madre las pepitas medidas como le fue indicado, ella las empezó a tostar en el comal y el perfume que éstas despidieron al inflarse llenó la cocina, y sin saberlo, esa fue la razón por la que María ya no quiso abandonar ese pequeño cuarto de piso de mosáicos rojos y blancos, que formaban graciosas figuras geométricas en toda su superficie. 

- Fíjate María, los tomatillos ya cuando están bien quemaditos en el comal, ya están listos para molerlos con las pepitas. Es lo padre de nuestra cocina, que descubrimos que los tomates, los chiles y las cebollas quedan mejor en las salsas cuando se tateman a propósito. A tu abuelo y a tu papá le encantan las salsas que hago con todo tatemado. Para este molito, le pongo dos chilitos, para que no te pique tanto, aunque a tu abuela le gusta que pique. Se le pone un poco de caldo donde se coció la carne de puerco para que no quede tan espeso el mole. A ver, ya está el arroz, ya están los frijoles, ya sólo hay que hacer las tortillas y terminar de sazonar el molito, tú me ayudas....


sábado, 30 de junio de 2012

Dímelo

Quiero hacerlo, pero es que, dímelo Gonzalo, ¿cómo podría atreverme a volver a hablarle? Después de tanto que ha pasado. Tanto tiempo.

Estoy más lejos que cuando no la conocía.

El tiempo acaba con toda cercanía si le das oportunidad. Le abrí la puerta al tiempo y se apoderó de mí.

Nos distanció.

Imagínala, sola. Desintoxicándose en la soledad devoradora, que atrofia y acaba con las personas. Y yo, ni me interesé por preguntarle si podría prestarme un poco de su pena para sufrir con ella. Así al menos tendríamos algo que compartir.

¿Por qué no le dije que tenía mis hombros, por si necesitaba apoyarse a llorar? ¿Por qué no la acompañé? ¿Qué acaso no es ella lo único que me importa? Dímelo, ¿que no es ella mi razón de vivir? ¿De respirar? ¿Acaso no morí en el momento que me alejé de ella?

He vivído muerto.