sábado, 30 de junio de 2012

Dímelo

Quiero hacerlo, pero es que, dímelo Gonzalo, ¿cómo podría atreverme a volver a hablarle? Después de tanto que ha pasado. Tanto tiempo.

Estoy más lejos que cuando no la conocía.

El tiempo acaba con toda cercanía si le das oportunidad. Le abrí la puerta al tiempo y se apoderó de mí.

Nos distanció.

Imagínala, sola. Desintoxicándose en la soledad devoradora, que atrofia y acaba con las personas. Y yo, ni me interesé por preguntarle si podría prestarme un poco de su pena para sufrir con ella. Así al menos tendríamos algo que compartir.

¿Por qué no le dije que tenía mis hombros, por si necesitaba apoyarse a llorar? ¿Por qué no la acompañé? ¿Qué acaso no es ella lo único que me importa? Dímelo, ¿que no es ella mi razón de vivir? ¿De respirar? ¿Acaso no morí en el momento que me alejé de ella?

He vivído muerto.






2 comentarios:

Anónimo dijo...

-Así al menos tendríamos algo que compartir.-

Conformando nuestro sentir con un poco de compasión hacia nosotros, conformarnos con algo pequeño para los demás, pero inmenso en nuestro ser.
¿Cómo es posible hacer eso? ¿Porque te alejas si en verdad te interesa? ¿Crees que te aceptara de igual manera? Borrando todo pasado, iniciando desde lo más bajo.

¿Cómo pudiste dejarla si te hacia vivir?

David Villarreal G. dijo...

Dolorosos recuerdos. Un "hubiera". Buen ejercicio Mau. Me gustó.