domingo, 16 de mayo de 2010

Escuela

Y ahí estaba, como un lunes a viernes cualquiera. Picando cebolla y guisando la comida que ella consideraba más nutritiva para su pequeña razón de vivir.

Y ahí estaba, esperando ansiosamente a que el sonido del claxon del carro de su horrible vecina llegara a sus oídos, para poder salir corriendo a recibir a ese niño que tanto le alegraba el día.

Esa espera, que aveces era muy larga, siempre merecía la pena. Todo por oír ese claxon, y después ver la cara, la sonrisa incompleta y la única mirada honesta que vería un lunes a viernes cualquiera.

Esperar para poder preguntarle cómo le había ido en la escuela ese día, y recibir la misma respuesta siempre: -"bien". Sí tenía suerte, quizás una nueva historia de esas aventuras que aveces sucedían en su escuela. Pero nada podría compararse con el día en que le trajo un dibujo. Esa obra de arte que ella compraría a cualquier precio, ahora estaba en su refrigerador, el mejor lugar en donde podía contemplarla. Creo que ese fue un miércoles.

-"¡Pero si ya es tarde! Seguramente mi vecina favorita olvidó hacer el viaje. ¡Qué raro! De seguro ella no quiere a su hijo tanto como yo quiero al mío. Bueno, no la culpo, quien podría querer a ese niño tan malhecho."

Y ahí estaba, imaginándose cosas y pensando mal de los demás. Siempre que se retrasaba ese claxon se ponía histérica y buscaba culpables.

En eso, sí. Era el sonido del claxon del carro de su horrible vecina.

-"¿Cómo te fue?"

-"Bien".



- Mauricio Hernández Cedillo

1 comentario:

David Villarreal G. dijo...

me recordó mucho al cuento de
monterroso "movimiento perpetuo"
por el final..

muuy buen cuento!!