- ¡Abuelo, abuelo! Tú siempre sabes que decirme. Estoy seguro que sabrás. Siempre sabes.
Tengo que preguntarte algo. Estoy teniendo problemas. No logro convencer a nadie. De nada. Yo estoy consciente de que tengo grandes cualidades persuasivas, pero ya no funcionan más. Sobre todo con quienes más me conocen.
Aunque refute las hipótesis de los demás, no les cambio el parecer. Ya no basta con ganar todas las discusiones que provoco. ¡Ya no basta! Necesito algo más, una nueva estrategia.
¿Qué será de mí, de tu pobre nieto, sin su poder de convencimiento?
Ahora le digo a alguien: "Haz esto, haz aquello" y no lo hace.
Me acostumbré a ser escuchado. No sé como vivir diferente. Sin que me hagan caso. Sin poder convencer, o tan siquiera confundir. ¡Lo estoy perdiendo! Mi poder. Mi alegría. Mi vida.
El viejo se paró molesto de su sillón rojo (como el vino tinto), de aspecto muy cómodo, y dijo:
- ¡Arde sin piedad! Como el sabio fuego, que consume. Sin tener que decirlo, los demás lo saben. Que quema. Sin piedad.
Imposible ignorarlo. Imposible no sentirlo. Imposible no saberlo.
A veces el silencio es total y definitivamente necesario. No siempre te debes quedar con la última palabra.
Pero en esta ocasión, el viejo lo hizo.
- Mauricio Hernández Cedillo
5 comentarios:
a ti que te gustan los colores, este relato me hizo ver un (cuadrado) violeta borroso que se va difuminando de las orillas hacia el centro.
me gustó mauricio.
jp.
Buen color Juan, nunca me lo habría imaginado con este cuento
que bueno q esa frase la pusiste entrecomillada, respetando la cita.
-black mamba
Mauricio me pareció muy bueno el como manejaste ese ego de la persona como si se tratara de una persona real y transformarlo en una generalidad para quienes creen que los que lo rodean le sirven a el y no mutuamente...
atte:
el agua esta mojada
imposible ignorarlo... tiene una presencia muy interesante el texto.. como recordar la niñez perdida..
excelente mauricio!
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